1. ¿Cómo fue para ti enterarte de que estabas embarazada?
No me lo creía, porque yo he sufrido mucho para tener a mi hija. Salí embarazada a los 32 años, y ese mismo año perdí a mi madre en mayo. A raíz de eso, comencé a hacer las cosas que ella siempre me pedía, como ir a los médicos y hacerme chequeos, porque yo tenía embarazos fallidos. Tuve dos, tres, embarazos que no se formaban bien y me tenían que hacer un legrado, una limpieza.
Cuando comencé a ir a los médicos me dijeron que estaba con una menopausia precoz para mi edad. Pensaron que era parte del luto por mi mamá, por la sobrecarga emocional que tenía, pero yo nunca perdí la fe. Me entregué mucho a Dios y también hice terapias holísticas para sanar.
Conocí a una persona que me dijo que yo sí iba a poder estar embarazada, pero que tenía cosas que curar con mi papá, porque, según ella, mi cuerpo tenía miedo al abandono. Yo hablaba con mi papá y me explicaba que trabajaba mucho, que no estaba en casa porque quería darnos una buena vida. Poco a poco entendí muchas cosas.
Me hice todos los chequeos posibles. Me dijeron que tenía que hacerme un in vitro porque tenía muy pocos óvulos. Pero yo me aferré a todo: a la medicina, a la fe, a mis creencias. Una amiga me recomendó otro doctor, y él me dijo que no me veía mal, que aunque tenía pocos óvulos, con uno bastaba. Me pidió esperar mi siguiente regla para empezar el tratamiento con vitaminas.
Pasaron veinte, treinta días y la regla no llegaba. Fui a verlo con el papá de mi hija, sin querer mirar la pantalla. Cuando el doctor me dijo que mirara, vi el saco gestacional. Estaba embarazada. Grité, lloré, no lo podía creer. Era lo que más había pedido a Dios y a mi madre.
Recuerdo que lo primero que hicimos fue ir al cementerio, a ver a mi mamá, a ponerle flores, a contarle y llevarle la ecografía. Justo en ese momento me llamó la madre del papá de mi hija y fue como si las dos abuelas recibieran la noticia al mismo tiempo. Mi papá también se puso muy feliz. Para mí, mi hija ha sido la mejor bendición y milagro de mi vida.
2. ¿Qué significado tuvo ese embarazo después de todo lo vivido?
Aprendí a ser súper fuerte y a amar tanto a mi hija. Siempre soñé con un embarazo perfecto, una familia perfecta, pero ahora entiendo que lo más bonito fue ese aprendizaje. Haberme quedado embarazada después de todo fue una señal de que no debía perder la esperanza.
“No hay embarazo perfecto, pero sí una fuerza interior que te impulsa a salir adelante.”
3. ¿Cómo fue la decisión de venirte a España estando embarazada?
Tomé la decisión de venirme aquí, y ahora siento que fue la mejor decisión que pude haber tomado. La puse a ella primero, en todo. Quería brindarle un futuro mejor, una estabilidad emocional. Para mí, el acto más grande de amor fue venirnos las dos solas y empezar de cero, porque ya había tenido muchos problemas con el papá de mi hija.
Me alejé y vine sola, con el apoyo de mi papá. Ya no tenía en mente la película de que en el parto estuvieran mi padre o el padre de mi hija. Aprendimos las dos solas desde cero. Me dediqué totalmente a ella, y siempre le digo que somos el mejor equipo. Aprendimos todo juntas: cómo bañarla, cómo cuidarla… No tenía a mi mamá para que me indicara, ni familiares que me ayudaran.
Una prima quería venir a ayudarme, pero cuando le conté que me iba, le dolió mucho. Me dijo: “¿Qué vas a hacer allá sola?”. Pero esa experiencia, aprender sola con mi hija, me hizo crecer como persona.
4. ¿Qué papel tuvo REDMADRE durante tu maternidad?
Cuando llegué a España estaba sola totalmente. Mi hija nació en Virgen del Camino y se complicó el parto, tuvieron que hacerme una cesárea, y ella estuvo en neonatos. Las personas de REDMADRE, como Marian y otras más, fueron las únicas que estuvieron ahí conmigo. Me fueron a ver, me acompañaron en esos días tan difíciles.
“Aprendimos juntas desde cero; ella y yo somos el mejor equipo.”
5. ¿Cómo es Abby hoy? ¿Cómo se lleva con su entorno y qué te enseña día a día?
Abby ya tiene tres años y medio, y está yendo al colegio. Desde hace un año vivimos también con su abuela paterna y su tía, y hace poco llegó su papá. Verla compartir con ellos me da mucha felicidad. Yo sé que al traerla aquí le di algo mejor, pero también la privé de su familia en Perú.
Ella es una niña súper inquieta, súper líder. A veces no sabe expresarse bien y reacciona mal cuando se frustra, pero ha mejorado mucho. Ahora se porta muy bien en el colegio, duerme bien, come bien, y su profesora me dice que está tranquila. Siento que tener a su papá cerca también la hace sentirse más segura.
Con ella disfruto mucho nuestras conversaciones por la noche. Me pregunta cosas, planeamos qué haremos al día siguiente, hablamos mucho. Si ve a alguien triste, no se mueve hasta saber qué le pasa. Es muy empática.
El otro día en un parque vio a una niña llorando y no se movió hasta hacerla sonreír. Se sentó con ella a conversar, y la niña, que era mayor, dejó de llorar. Yo le dije en broma: “Vas a ser psicóloga”. Tiene una sensibilidad especial.
6. ¿Qué consejo le darías a una mujer que está empezando el camino de la maternidad?
Primero, que no hay embarazo perfecto. Queremos que todo sea color de rosas, pero no lo va a ser. No todas tenemos la posibilidad de estar con una pareja o con familiares cerca, pero la fuerza más grande la tenemos dentro.
Es esa fuerza la que te impulsa a ser mejor cada día. A veces tu hijo también te hace enojar, pero después viene, te abraza y te dice “perdóname” o “te amo mamá”. Y eso lo cambia todo.
*Esta entrevista forma parte de la serie «Tu historia importa». Creemos que cada madre que acompañamos tiene una historia única que merece ser contada. Por eso, cada mes daremos voz en nuestra web a estas mujeres valientes, para que sus testimonios de superación y esperanza lleguen a más personas. En colaboración con Valeria Da Motta, estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra.



